jueves, 10 de julio de 2008

Teatro en tres insultos

Teatro en tres insultos


Personajes:


Dana


Juan


Voz en la radio




Acto Primero: La mañana



Contexto:


(Se trata de construir en el imaginario una supuesta localidad común a cualquier otra, sin enemistarse con la subjetividad, que, dicho sea de paso, estas situaciones sugiere.

Pongamos la vista, entonces, en la antesala de una cocina, más comúnmente llamada "hall". Podemos asumir que no es un lugar muy habitable, es pequeño, acotado, resumido no muy decorado (un espejo, enfrente un cuadro, una maceta junto al espejo, y no mucho mas), por momentos parecería hasta incomodo, pero somete a las personas a mirarse directamente a la cara. La antesala se desarrolla desde la arcada que da a otra sala (living) y desde ese mismo lugar se desprende otra pequeña pared divisoria donde se encuentra la salida. La construcción permite que de un lado del hall se encuentre la puerta del baño, y simétrica pero opuestamente se encuentre otra puerta que descubre una escalera en ascenso y descenso a los cuartos. En este acto, los personajes harían su entrada al escenario por la puerta de la escalera como si bajasen a desayunar, pero un infortunio los topa con ellos mismos, no los deja llegar a la cocina y los inicia en ciertas conversaciones que hacen a la primera parte).






Voz en la radio: (música de fondo, fanfarria matutina, seguido de un ritmo placido y lento) –El Sol anuncia las 09:30 de la mañana (bip-bip, sonido radial), sugiere el despertar de las parejas, el amanecer de los desacuerdos en la calle, y quien sabe, un fortuito desayuno mal hecho y tibio. El Sol sabe entrar por la ventana sin siquiera pedir permiso alguno. No enciende el gas, ni da chispa en la hornalla, ni pone el agua ni la yerba en el mate. Sabe decirnos que es hora de despegar el cuerpo de la sabana y despedir el sueño con bostezo y un “buenos días, querida”.


(Se escuchan pisadas, bajan de la escalera Juan y Dana, se encuentran en el hall y ambos se miran al espejo)


Juan: (quejumbroso, pero contento) –Estoy gordo.


Dana: (casi consecutivamente y de igual humor) –Estoy gorda.


Juan: (irónico, entre dientes) –Estas embarazada.


Dana: (despreocupada y preocupada a la vez, indecisa) –Cállate infeliz. Estoy desproporcionada, casi no tengo caderas, y las tetas compraron boleto a futuro para terminar en el ombligo. Me tengo que poner otra vez con esa dieta de mierda. ¿Puede ser posible? ¡Como te curran con esos tratamientos aburridos! (haciendo una voz muy graciosa) Día uno: papa; día dos: batata; día tres: zanahoria. ¿Quién carajos se piensan que somos nosotras? ¡Por favor! No se, seguro que la empiezo este lunes. ¿Vos que decís, Juan?


Juan: (ignorándola, se sigue mirando al espejo) -¿Eh? ¿Qué me decías?


Dana: (enojada) – ¿Me estas escuchando?


Juan: -Si amor, te estoy escuchando. Ya se, son un problema las dietas. Son un gasto de guita. Son un gasto de tiempo. Son la fatiga estomacal. Son el anti-bacanalismo. Son la conjunción de comida en bajas calorías y la culpa hecha vinagre. Son…


Dana: - Listo, fue. Suficiente. Creo que entendí.


Juan: - Por lo visto no entendiste nada porque te miras al espejo, y empezas a maquinar con pelotudeces: que estás gorda, que las caderas esto, que las tetas lo otro. Estas hermosa, nena. (Empapado de una supuesta ternura machista) Amo despertar con ese rollo al lado mío.


Dana: (muy sarcástica) – Vos si que sos el perfecto amante latinoamericano. Cuando tenga una depresión por baja autoestima, haceme acordar que te llame para que me alcances la jeringa.


Juan: (se ríe) – Pero vos sos la que te haces un escándalo al pedo. Haceme el favor de salir de ese espejo. Lo único que falta es que empieces con esa historieta de que si engordo me dejas por una flaca, que esto y lo otro. (Otra vez, con ternura machista) Vos sos mi flaca, mi gorda, mi “muchas cosas más”.


(Se piden ambos un beso, ambos giran y se miran a los ojos, se besan, dura nos diez segundos)


Juan: - Dana, hacete unos mates. Hay que despejar la resaca matutina.


Dana: - ¿Ya? Un segundo (sigue mirando atentamente al espejo).


Juan: - Dale Dana, pone el agua por lo menos.


(Dana no responde, ignora a Juan, los dos siguen mirándose al espejo).


Juan: - Ey, ¿ahora jugás vos al sordo?


Dana: - ¿Qué culpa tienen los sordos?


Juan: - No, no. No me entendés. No me estas dando bola.


Dana: - Bueno, pero vos respondeme.


Juan: - ¿Qué te responda que cosa?


Dana: - Los sordos.


Juan: - ¿Qué hay con ellos?


Dana: - No, nada. Digamos que cuando te ignoro o me ignoras jugamos a ser sordos. Pero la sordera no es algo que se pueda bendecir con palabras. A decir verdad, se siente mal.


Juan: - Pero no insultamos a nadie, che. Fijate que es eso, un juego. Como cuando jugás a quedarte paralizado. La gente que sufre picos de presión y les agarra parálisis no te va a venir a apalear en masa. O quizás si. Pero nunca sabrán por qué. (Sarcástico) Aparte, están paralizados, que te van a venir a pegar.


Dana: - No seas tarado, Juan. Pobre gente.


Juan: - ¿Yo que culpa tengo?


Dana: - Ah… (Se imita a ella misma, en voz baja) “¿Qué culpa tienen los sordos?”. En fin… Poné agua que yo hago mate.


Juan: - Dale…


(Juan intenta salir del hall, se vuelve en si mismo y se mira al espejo, se mira la panza, la barba, se acomoda el pelo. Todo en un lapso de silencio. Dana sigue escarbando defectos físicos en el mismo espejo).


Juan: - (Sorprendido) Estoy gordo.


(Pausa)


(Se enciende la radio, junto con una música tranquila, ambos personajes siguen atentos a sus cuerpos y sus gestos, siguen atados al espejo).


Voz en la radio: - El Sol anuncia las 10:00 de la mañana (bip). Todo parece indicar que el agua se hirvió, se pasaron los sentimientos al vapor. Que los desencuentros son imposibles cuando hablamos de espejos y de salas con poco espacio. Todo depende de la paciencia. Todo depende de la precaución. Todo depende de todo. Que afirmación falaz.

El Sol sabe entrar por la ventana, sabe quedarse a esperar. Sabe que las cosas suceden a su velocidad. Sabe adaptarse a la comodidad del hogar; sentarse en una silla, servirse de la heladera, cocinar sus propios insultos. El Sol anuncia la llegada de los altercados a nuestros músculos, a nuestros ojos y bocas.


(La tonada sigue sonando, Dana y Juan siguen pendientes de sus físicos como si el espejo podría darles una respuesta).


Juan: - (como retomando una frase anterior) Es como si fuera la consecuencia de una sociedad que se divierte viéndote de esta manera al espejo. Como si fuera un morbo colectivo o algo por el estilo. Claro, la gente puede pensar tranquilamente que no tienen necesidad de cambiar porque la sociedad es así y punto. Ellos tendrían que replantearse la cuestión del (hace señas de comillas con los dedos) “así”. Y se quejan de (otra vez la seña con los dedos) “la televisión”.


Dana: - (lo interrumpe muy interesada) A veces creo que esos productos los produce, valga la redundancia, la misma gente que lo mira. Como que me imagino al flaco que esta al pedo hasta la madrugada yendo al estudio y discutiendo sobre lo que le gustaría ver. (Dice en voz baja, otra vez la voz graciosa, esta vez ronca) “Si, vos ponete en bolas, mostrá el culo, así.”; “Si, ponete en pedo que garpa mucho.” Blah, blah, blah… (dice “bla, bla, bla)


Juan: (justo escucha esa parte) – Eso si que lo vería, eh.


(Ambos se ríen)


Dana: - Tendrías que ir a buscar el diario a la puerta, Juan.


Juan: - El “costumbrismo”.


Dana: - ¿Qué cosa?


Juan: - El “costumbrismo”.


Dana: - Esa palabra no existe.


Juan: - Claro que existe. Si vos te pones a pensar, todo lo que termina en “ismo” e “ista” tiene un sentido lógico, por lo tanto se vuelve algo existente.


Dana: - (arroja los ojos al techo, pensante) Ah… “existencismo”.


Juan: - No Dana, “existencialismo”. (con aire intelectual) Esa es la palabra correcta.


Dana: (bromeando) – “Correctismo”.


Juan: (hace un silencio y mira de reojo a Dana)


Dana: - Te estoy jodiendo, bobo.


Juan: (imitando a la imitación graciosa de Dana) – “Correctismo”.


Dana: (se ríe) - No seas boludo, Juan.


(Se ríen los dos. Se besan.)


(Dana sale del hall, sale de escena, va a la cocina, se escuchan ruidos de pava, mate, yerba, cosas de ese estilo. La radio sigue funcionando, hay música de fondo).


(Queda solamente Juan en escena, mirándose al espejo, sigue observando su físico, su cara, ojos, barba, pelo, nariz. Ahora denota un ánimo bajo, triste).


Juan: (le habla al espejo) - ¿Cómo carajo le digo? Decime vos, noble desacomplejado. ¿Cómo es que se dicen las cosas? ¿Cómo se dice una verdad sin faltar a la verdad? ¿Cómo hago? Todo esto está mal. Yo la amo. Yo amo ver como se tuerce toda en el colchón cuando se despierta. Yo creo amarla. Necesito amarla. Necesito verla en este espejo todas las mañanas. (Se angustia) Pero no puedo. No puedo dejar que toda esta basura me carcoma la cabeza. Algo tengo que hacer. En algún momento algo le tengo que decir. No se que, pero algo. Lo mínimo indispensable. (Se sacude el pelo) Dale, si vos le podes hablar de cualquier pavada y ella siempre te atiende; típico de callcenter. Lo único que falta es que me pida documentos (risa). Cuando viene le digo. (Se dice a si mismo) ¿Cuándo viene le digo? ¿Qué decir? El tema es la decepción, los malos ratos, el odio, supongo que después todo pasa. Después la reconciliación, el amor post cena. La panza llena, el café, buen sexo y mañana salimos a buscar dinero a la oficina. Mi temor es que todo termine después de hoy. Resumir años en doscientas palabras y ponerle un punto final.


Dana: (de fondo, gritando) – ¿Amargo o dulce?


Juan: (no responde) – Amarga y dulce es la vida. Que puta redundancia y que absurda resulta ser esa respuesta. Amarga y dulce es la sensación de la vida. Lo que te deja a medida que la vas tragando día por día. Sin polvo ni palo, o con ambos. (Retoma la respuesta) ¡Amargo! (Quiere seguir monologando) Ahora es el momento, ahora es cuando, por ejemplo, debo dejar crecer la flor (hace morisquetas teatrales). No, eso es una estupidez. Ahora debo detener el crecimiento de la duda, del resentimiento, tengo que poner un límite a esta barba que ya no sirve para mentirle a mi propia identidad.

Tampoco me importó mucho la identidad. Esa cosa clavada en la planta del pie, como una verruga. “Te la extirpa la vida, viejo” (a lo “tanguero”). La existencia. Prendete un cigarrillo y arruinate la garganta, arrabal de décima.


Dana: (a las apuradas) – Tomá Juan (le da el mate). Casi se me cae. ¿Está muy rebalsado, ¿no?


Juan: - No, esta barbaro asi. Parece un poco tapado, pero está tomable.


Dana: - ¿Querés que le agregue azucar?


Juan: - No, esta bien, te dije amargo.


Dana: - ¿Alguna galletita?


Juan: (cae a cuentas que tiene que decirle algo) – No, estoy bien asi, no te preocupes.


Dana: (se sirve un mate) – Estuve pensando… Y nos tendriamos que mudar en algun momento. O sea, el lugar está bien. Vivimos hace mucho tiempo aca, pero ya se me hace como que no se si da para seguir viviendo asi. Entendeme, no quiero decir que la casa sea una cagada, pero, quizá, cambiar de espacio, mudar la piel.


(Pausa)


Juan: (preocupado) – ¿Vos crees? Quizá no sea el momento mas apropiado para mudarnos, Dana. No tenemos un mango.


Dana: - Juan, si pudimos costear este departamento, podemos costear otra cosa. Además podemos venderla.


Juan: - No, ni pensarlo. Esta casa era de mis viejos. Vos estas terriblemente mal de la cabeza si pensas que yo voy a vender algo que fue de mi familia.


Dana: - Pero pensalo en terminos de cambio, nene. No va a bajar tu viejo del cielo y te va a arruinar las piernas a latigazos porque vendas la casa, Juan. Es algo común que la gente hace.


Juan: (un poco encabronado) – Yo no soy “la gente”. Entendeme vos ahora.


Dana: (como ignorando al reacción) – Hablando de “cambio”, me voy a cambiar, en 10 minutos tendría que haber salido.


Juan: - Te acordaste un poquito tarde, ¿No te parece?


Dana: (apurándose a terminar la “semi” discusión) – Si, me acordé tarde, disculpame. Me voy a arriba. ¿Vos no tendrías que ponerte a escribir?


Juan: - Mis escritos no pueden pagar todas las boletas.


Dana: - Mi trabajo tampoco. Dale Juan, ambos sabemos de lo que sos capaz.

Juan: (con mucha ironía) - ¿Ambos sabemos de que soy capaz de tirarme de la ventana cuando vos cruces la puerta?


Dana: - Dale, pelotudón. Me voy a cambiar. (Dana le da un beso en la mejilla a Juan y sale de la escena).

(Se produce un silencio. Juan sigue en escena, siempre mirandose al espejo. Balbucea insultos hacia adentro y algunos hacia fuera. Se prepara el garguero para decir algo…)

Juan: (reflexivo, pero sensato) – No se lo que es la ambición. ¿Mudarse es ambicion? ¿Un trabajo de ocho horas es ambicion? ¿Escribir una obra maestra de trescientas paginas es ambicion? ¿Amar es ambición? No sueño con esa casa de mas de tres ambientes. Realmente no la necesito. Un trabajo tampoco: no podria invertir ocho horas de mi vida todos los dias en un mismo lugar, no sabria como administrar mis fuerzas en algo que quizas desconozca o no sepa hacer. Someterme a otra persona que no sea yo mismo me pondría algo nervioso, quizás pueda convertirme en un criminal por sentirme encerrado en una caja de zapatos atendiendo un teléfono, o vendiendo cositas que a la gente de la mayor edad le apetecería comprar. ¡¿Qué digo?! ¡Todo el mundo trabaja! Se levantan a las 5 de la mañana para tomarse el tren hacia el Centro. Viajan apretados sabiendo que en un rato tienen que volver a sus casas, darle de comer a sus hijos. ¡Maldita ambicion! ¡Maldita necesidad! Pero conozco nada de ambas. Apenas se que con “una” se intenta llegar mas lejos y con la “otra” se sacian urgencias.


(Juan hace otro silencio. Toma aire y se sigue mirando al espejo)


(Pausa)


Juan: (continua con la reflexión) – Al parecer soy un cretino. Vago y vividor. ¿Quién espera algo de alguien que labura chamuyando y que su chamuyo esta escrito en un papel amarillento? ¿Quién le cree a esa clase de personas hoy en día? Todavía no conozco a los padres de Dana. Llevamos viviendo juntos casi un año. Me podria tirar por la ventana mientras ella se cambia para ir a laburar; me ahorraria muchos desencuentros: padres de Dana, trabajo, escribir, vivir, pagar impuestos, viajar en subte o colectivo. Los padres de Dana podrían decir que soy un desastre, que me visto mal, que uso la misma ropa todos los días, que no tengo trabajo, que soy un mantenido, que detesto la política, que soy un hippie. ¿Cómo le digo que no me quiero mudar, que no tengo plata, ni ganas, ni ambicion, ni necesidad? Si fuese un ventajero dejaria que los padres de Dana me presten plata. Ellos tan ordenados que son creen que los hombres llevamos los pantalones o el overoll y empujamos la montaña a donde carajo queramos. Claro, yo no los conozco, pero se que ellos lo piensan. Dana me lo dice cada vez que le dan un aumento en el trabajo y ella se lo cuenta a los viejos. “Las mujeres no deberian trabajar”, dice el padre. La madre piensa exactamente igual. Que desgraciados.


(Se escucha un ruido en las escaleras. Es Dana bajando).


Juan: (quiere continuar con la reflexion, pero decide detenerse) – Que…. Hola Dan, estas hermosa (tiene una sonrisa increíble).


Dana: (dubitativa) - ¿Te parece? Esta pollera no me queda tan bien, pero es lo más serio que tengo. Ayer me comentaron en el laburo que hoy hay una reunion y bueno, la ocasión lo amerita.


Juan: - ¿De que es la reunion?


Dana: - La verdad que no tengo idea. Cuando vuelva te cuento.


Juan: - ¿Pero tenés una idea de lo que pueden llegar a hablar?


Dana: - No lo se. Debe ser algo importante, pero no se. Che, voy a llegar tarde, me voy.


Juan: - Perdón, no te quise detener. Anda tranquila. Mucha mierda.


Dana: - (risueña) ¿Qué ironía no? Uno dice “mucha mierda” para no desear suerte.


Juan: - Pasa que en una epoca pasaba que…


(Se empieza a cerrar el telon. Juan sigue hablando. La radio se vuelve a encender y pisa la voz de Juan)


Voz en la radio: (Musica de fondo, sin fanfarrias) – El Sol anuncia su permanencia a las 10:30 de la mañana, (bip-bip, clasico sonido radial). Pica cada rayo en los hombros de cada persona que puede bañarse de calor en la calle. No todos vuelven a sus casas a esta hora. No culpemos al trafico por eso. Para mas información sobre el estado de las cosas, siga su curso de vida, no frene en los semáforos en verde, puede ser perjudicial para quienes vienen de costado. El Sol anuncia que el tiempo no se detiene entre estaciones. Llevar paraguas es importante, no sea que el clima nos traicione.




Fin del primer acto.

miércoles, 9 de julio de 2008

Exodo II


No quiero que me debas nada,
me asusta saber que me podes pagar con la misma moneda.

Buen viaje.

domingo, 29 de junio de 2008

Dos ambientes


En esta casa, hoy no hay nadie. En esta casa, la que yo ocupo, no hay nadie. Las paredes están pintadas de blanco con algunos cuadros colgados de obras póstumas, falsas seguramente porque no nos alcanza el dinero para comprar un verdadero Rivera, o un Picasso, como el que está en la antesala del baño. En mi cuarto tengo un Xul Solar, y tampoco tengo dinero para obtener el verdadero. En mi casa no hay nadie; en realidad no es mía, es de mis padres, pero ellos no saben quien soy yo luego de que todas las habitaciones están vacías. Ellos no me conocen, no indagan o no quieren imaginar. Cuando en mi casa no hay nadie, yo soy un aventurero y quizás ellos no quieren dar con esa persona a la que no esta acostumbrados a ver: aquel quien escarba cada rincón de los ambientes y rescata recuerdos a lo pavote, dolorosos ellos por demás, pero también los hay felices y victoriosos.

Mi casa tiene paredes blancas, con cuadritos pequeñitos que me interesan, verdaderos pintores. El aventurero avista cada vértice entre el techo y la pared. El cielorrazo también es blanco y de el cuelga un fantástico ventilador derrumbando, históricamente, toda teoría de la gravedad. Estuvo durante mas de 12 años en el mismo lugar, siendo su tarea tan reiterativa pero siempre agradecido el. Mi papá siempre le engrasaba el motor y mi mamá le limpiaba las paletas, que por cierto son de madera, falsas ellas cuatro. Rivera no podría distinguir de la falsedad de la madera, ni del esfuerzo de mi madre por subirse a la silla a limpiar las paletas del ventilador. No podría ni aunque fuese un cuadro autentico y se robara todo el esplendor en una porción de pared. La silla, la cual mi madre usa como escalera, también es de madera. Algarrobo, dicen. Al igual que la mesa del comedor. Los brazos del ventilador, las paletas, no se si serán de algarrobo... ¿Serán falsos aquellos omóplatos laboriosos de la temporada veraniega? Rivera no podría distinguirlo, ni Picasso.

El aventurero es un ser inquieto, incesante, pero por sobre toda las cosas es paciente. Se sienta en el piso frió, descalzo él, con el televisor encendido. La mesa del televisor también es de madera, seguramente será de la misma familia que la mesa del comedor y las sillas en su conjunto. Que simpaticamente terrible es pensar que la madera pueda sentirse en familia luego de que ha sido desgarrada, mutilada, de su lugar de origen. Pero, el falso Rivera no podría darse cuenta de ello, ni siquiera ese Xul Solar en mi pieza, donde la madera abunda. El aventurero es cruel con el lugar que habita, reniega de lo que ayudó a construir, y lo utiliza dándose placeres insignificantes pero biologicamente necesarios: desayunos, almuerzos, meriendas y cenas.

Ahora las paredes han cambiado de color, amarillas, con un dejo de vejez o antigüedad. Quien diría que en las paredes se esconde la edad o la historia que vive en nosotros sin siquiera dejar jeroglíficos para entretenerse. Pero esa es la tarea del aventurero: romper con la idea de que lo que está ahí es lo que se conoce y punto. Romper las paredes, atravezar la historia y hacerse con todos los recuerdos posibles. Mientras Rivera y Picasso me miran, agarro las herramientas y le doy un piquetazo a la pared de la cocina. Los pedazos de mampostería y revoque hacen de la escena una perfecta sincronía: como si no existiese el cielorrazo, pedacitos de pared caen desde arriba mojandome el pelo y los hombros. Una lluvia de mentira pudo alegrarme el día. El ventilador asombrado, agita sus manos en círculos. Las mesas y las sillas solo son testigos inmobiles de la hazaña. La misión del aventurero en su casa estaba tomando formas insospechadas, hasta que cae en cuenta de que ese lugar inhabitado no le es propio. El comedor ya no es lo que era. Ya no existe el tal Rivera en esa pared. No me puede mirar con esos ojos que tal vez eran falsos o verdaderos, no lo se. Un solo ojo de vidrio era suficiente para el. Una casa destruida no es la misma mientras habitan recuerdos tirados en el piso como cachos de pared amarilla, vieja, antiquísima.
La misión del aventurero concluye en este lugar, sentado en el piso frío de la cocina, pensando si hay algún cuadro falso en las paredes del living.

domingo, 22 de junio de 2008

Los Caballeros


Los caballeros no son aquellos
quienes ante
un zapato de taco
inclinanse
en reverencia,
besando el suelo,
una caricia de respeto.

No son ellos, bien vestidos,
encajan en sus trajes,
sus medias,
algodón negro,
y cuero sin remendar.

Tampoco son quienes
cabalgan en dolares
forjados de acero,
incorruptibles varones,
democráticos peatones,
caballeros, ellos siempre
rectos, ellos.

No amerita alegoría
alguna, el caballero moderno,
un insulto no existe
en su boca,
ni en su paladar,
perlas de plástico.

Caballeros son los que
olvidados en el taburete
incomodo, pasajeros sin tren,
recogen
un despido por la puerta,
puteadores anónimos,
decidores de realidad,
fieles a su leyenda
de antigüedad.

Madrugadores
de extensas calles,
periplos de cartón,
caballeros valientes
contra las miradas
de aquellos mentirosos
gallardos, hidalgos
con chequeras como lanzas.

Caballeros sin rencor,
sin venganza.
No olvida
a quien lo señala.
Caballeros que recuerdan
siempre de donde vienen,
aquel taburete incomodo,
pasajeros sin tren.

martes, 17 de junio de 2008

Girl from the North Country - Bob Dylan


Well, if you're travelin' in the north country fair,
Where the winds hit heavy on the borderline,
Remember me to one who lives there.
She once was a true love of mine.

Well, if you go when the snowflakes storm,
When the rivers freeze and summer ends,
Please see if she's wearing a coat so warm,
To keep her from the howlin' winds.

Please see for me if her hair hangs long,
If it rolls and flows all down her breast.
Please see for me if her hair hangs long,
That's the way I remember her best.

I'm a-wonderin' if she remembers me at all.
Many times I've often prayed
In the darkness of my night,
In the brightness of my day.

So if you're travelin' in the north country fair,
Where the winds hit heavy on the borderline,
Remember me to one who lives there.
She once was a true love of mine.

lunes, 16 de junio de 2008

Regresion

Hoy, sin querer, tuve una pequeñisima regresión. ¿Por qué digo sin querer? Porque a veces me pasa que debería estar en otro lugar, en otro momento indicado. Por suerte esto no es una constante en mi, no lo es. Tampoco dejo que lo sea, sino viviría pegandome susto tras susto y no saldría de la posición horizontal que tan hermosamente adorno en mi colchón.
La regresión, por mas pequeñisima que sea, está. No es una cuestión infantilista... "Vuelvo a mis 7 años, y en mis cortos y crotos 7 años hacia tal y cual cosa". No. Creo fielmente que se puede tener regresiones siendo casi adulto. Tantas de las cosas que me causan gracia es ser 'semi adulto'. Pero no me voy a detener aquí, el terreno de la semi adultez es un lugar bastante complejo para manejar siendo semi adulto. No me detengo aquí porque me es cómodo seguir hacia a cualquier lugar. No quiero detenerme en mi, pero de esto se trata un poco la cuestión regresiva.
Hoy conocí a alguien. No se como es físicamente, ni estuve predispuesto mentalmente a imaginarmela. Quizás mas adelante, cuando me lleven en su lomo los días, alguna que otra imagen puede ir construyéndose sin ser una incógnita. Pero si conocí sus pensamientos, lo que puede sonar absolutamente cliche. Evidentemente no lo es. No es un cliche de persona. Ella se autodenomina diferente, lo cual es cierto, y por lo tanto admiro. Esta no es una descripción perfecta, ni lo será: estará incompleta durante mucho tiempo y esa construcción de la incógnita quizás nunca pueda terminar de armarse. Un rompecabezas que junta polvo en cualquier placar de cualquier casa. Ese alguien me generó automaticamente un recuerdo. Un recuerdo de otro alguien a quien en un pasado no muy lejano conocí. De una manera similar, tan similar que asusta. No tendría que dejarme llevar por estas cuestiones tan superficiales de como es cada quien y que se yo, no debería. Pero el avasallador puño regresivo golpeo en donde mas duele y me dejo tendido largo rato sin saber como carajos podía reaccionar. Esa pequeña cosa del pasado me juega, nuevamente con otras cartas, otros colores, otras cosas para decir.
Según los cánones de la psicología moderna (o actual) la regresión es un mecanismo de defensa por el cual el individuo se ve sometido a "regresar" a etapas de maduración en un contexto de niñez, como también a momentos de angustia y tristeza. También la regresión es una practica que adoptan quienes utilizan la hipnosis como herramienta psicoanalitica.
Según mis cánones, regresar hacia una etapa triste e inmadura es ejercer autocritica. Autorepararse, plantarse frente al problema, resolverlo con las herramientas que nos da la supuesta experiencia. Ser nuestro propio laboratorio físico-mental.
Ahora me toca atar todos los cabos sueltos, todos ellos juntos, bien atados, sin que se escapen. Esta persona me hizo volver, sin querer, un año o dos años atrás, me hizo volver a otra persona de la cual ella no tiene idea de su existencia. Ella no quiso, no sabia, no tiene por que esperarselo. Casi como un chiste sádico fue habernos encontrado sin encontrarnos en absoluto. Y eso me disparó una duda. ¿Por que será tan hija de puta esta burbuja llamada vida que nos separa, nos diferencia y nos pone tan alejados los unos a los otros? No puedo concebir la burda idea de que somos demasiados y en esa demasía está ese personaje que nos hace pertenecer. Todo este tiempo no me ayudó para entenderlo y dudo que hoy lo entienda. Pero por lo menos pude rescatarme de la regresión sacando una mano hacia afuera de estas arenillas rápidas sin siquiera ahogarme.
Los cánones de la ciencia no existen porque hay hechos que lo prueban. Existen porque nos movemos junto con ellos, los justificamos completamente siendo quien somos, viviendo como vivimos. Ni sabemos que están ahí afuera. No nos interesa traerlos a colación en un matrimonio, por decirlo de alguna manera. Acechan a quienes están descubiertos, sin refugio alguno. Hoy me tocó a mi, y sin hipnosis, pude volver.

martes, 10 de junio de 2008

Exodo I

Ya te fuiste.
Y en verdad sabias que no podia decirte nada.
No nos sentamos en la plaza por ultima vez,
ni intercambiamos familias por un rato,
ni jugamos a entendernos bien,
vos sabes como es esto.
No hicimos eso
que vos con tan poco animo llamas coger,
y yo con la ilusion que me sobra llamo amor.
Ni nos prendimos un pucho despues de eso.
Eso que tanto nos divertia.
No nos reimos mas porque ya te fuiste,
y porque no se que decir despues de ello.
Me rio de lo que no digo. Como un nene que aprende de lo nuevo.
Me rio otra vez.
Me rio porque el café no se toma solo. No yo solo. Ni el vino, ni la cerveza.
Asi es, asi es tan dificil de entender, que te vas de mi.