Hoy me muestro en simbolos.
Asi me podes ver mejor.
Vos ignoras lo que se dice, o lo que se habla.
Por eso soy un simbolo.
Los dibujos no sienten,
por eso ser un simbolo
me hace invulnerable.
Intocable. Nunca invisible.
lunes, 17 de marzo de 2008
domingo, 16 de marzo de 2008
La tristeza

Podria, en este momento, ir hasta el baño, sacar de un pequeño bolsillo una tijera, apoyar mis manos en el fregadero y cortarme los recuerdos amontonados en el pelo hasta que se caiga el ultimo. Claro, podría hacerlo, tranquilamente, pero esto no me conmueve, ni mucho menos. Podria tambien arrastrarme hasta la cocina, luego de haber dormido catorce horas seguidas, abrir la heladera y tropezarme con el almuerzo frio, en mal estado, para definitvamente terminar con la angustia que mi estomago ensaya todos los dias. Tambien podría hacerlo, es logico, pero es sabido por mi que no me conmueve, ni mucho menos. Podria no haberme levantado de la cama en absoluto, ni sacado la ropa del tendedero, ni apagado la television, ni la radio ya que en este momento mis sentidos no me responden. No. Tampoco me conmueve. Podria entonces olvidar que en mis años anteriores he cometido millonada de estupideces, algunos sanos, otros inconcientes, inutiles tambien. Otra vez se resuelve en la onomatopeya negativa. Los condicionales son una constante cuando el tiempo no ha pasado a dejar recados en mi puerta con la insistencia de los adultos. Pero podria afirmar que esta cara que se mira asi misma todo el tiempo, no es la que se regocija por ser lo que fue y por hacer lo que hizo. Ahora sonrie falsamente. Se le nota en las comisuras cuando se le escapa un insulto, o cuando cree que alguien puede volver y nada de lo que cree es puro y cierto. Entonces, podria levantar el telefono e invertir en un posible recuerdo. Definitivamente, no.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
Miercoles: entrada y salida
El vuelo estaba estipulado a las 6 de la mañana. Un rato antes, quizas. Abordar no cuesta mas que 15 minutos, un poco de paciencia, y de ciencia, tal vez. El primer piso es un lugar vacio: la gente no se mira en los aeropuertos. Es una ventaja para quien desea observar mas alla de sus anteojos negros y sus reproductores musicales. El aire acondicionado no se corresponde con el estado de animo del dia, ni con el clima dentro de las valijas, y los centigrados son tan embusteros y mentirosos, asesinan y entorpecen el sistema respiratorio, una mucosa feliz para quien vuelve a su casa y lo esperan con un tecito bien caliente.
El primer control lo hacen en la entrada: un policia te mira detalladamente hasta los cordones, pero suele suceder que las puertas corredizas se atraviezan en el camino de la persecusion en un abrir y cerrar y entrar y salir de pasajeros. El siguiente en el desolado primer piso. Una cinta de goma, un aparato que parece deglutir objetos y ropa sin importar si son bajas calorias y con alto contenido de colesterol, pero ese es dato menor. Mas alla de eso, hacia los costados, se presentan unas mutaciones del Arco del Triunfo. Se presentan, si. Se anuncian con sonidos insoportables, son como los despertadores a las 4 de la mañana que suenan por equivocacion o por falta de pila. Nunca podria faltar, en este caso, el operario de dichas alimanias mecanicas y, o, u, deglutidoras, trituradoras, vomitadoras, digestivas, dieteticas (o no), de objetos. El ultimo control, por suerte, parecia ser humano. Una persona, cual ordenador, exige pasajes con detenimiento y poco volumen. Los toca, los rompe, como un niño o niña, depende.
Una vez terminada la ceremonia del control, tenemos un universo a nuestras espaldas. La division entre la manga de abordaje y un salon de no fumadores nerviosos. El aca tan reciente y el alla tan dentro de unas 3 horas. El idioma es un adorno, como un desodorante de ambiente, un cuadro mal colgado, inclinando las puntas hacia abajo, una bufanda que no te cubre del frio, porque de la manera mas invasiva y oportuna, te secuestra los segundos entre preguntas y respuestas de gente que se ha perdido cuestionando el estado de las estufas y del aire acondicionado. Tampoco llegan las maletas a tiempo, o alguna que otra emprende una nueva aventura, casi como despistada, casi como que extraña detenerse en todos esos aeropuertos y dejarse levantar por esos nuevos dueños que al encontrarse con su equipaje equivocado arremeten contra la cinta transportadora, con pena y sin gloria. Las pautas del idioma y sus limites se quebrantan ante el problema mas improbable. La lengua no tiene fé, ni templo, ni catedrales, ni hablemos de una misa, pero existen miles de fieles encolumnados al desentendimiento y la arrogancia. El primer piso era el purgatorio, una Torre de Babel de estilo moderno, con televisores de altas pulgadas y altoparlantes en cada esquina, sobornando nuestra paciencia con anuncios de nuevos arribos y proximos vuelos.
Cuando no hay lugar para arrepentimientos, se produce un lapsus. La cabeza gira hacia atrás buscando a alguien para despedirse, un acto reflejo de nuestra enfermedad solitaria. Las sombras se toman el primer taxi disponible y ya no hay mas nadie, solamente queda quien arrastra una disculpa o una llegada tarde y nos vemos a la vuelta. Ya no hay mas nadie, la sala está deshabitada de saludos y adioses, no alcanzan esas sillas incomodas para bancar el peso del silencio y la musica ambiental.
Primer y ultimo aviso. Ya estaba entre las mangas, pateando las botas hasta el microbus que te lleva a no se donde y ese no saber es el destino mas insoportable, al que niego subirme, al que negaré entender hasta bajarme, o por lo menos cuestionar todo lo posible mientras dure el viaje.
El primer control lo hacen en la entrada: un policia te mira detalladamente hasta los cordones, pero suele suceder que las puertas corredizas se atraviezan en el camino de la persecusion en un abrir y cerrar y entrar y salir de pasajeros. El siguiente en el desolado primer piso. Una cinta de goma, un aparato que parece deglutir objetos y ropa sin importar si son bajas calorias y con alto contenido de colesterol, pero ese es dato menor. Mas alla de eso, hacia los costados, se presentan unas mutaciones del Arco del Triunfo. Se presentan, si. Se anuncian con sonidos insoportables, son como los despertadores a las 4 de la mañana que suenan por equivocacion o por falta de pila. Nunca podria faltar, en este caso, el operario de dichas alimanias mecanicas y, o, u, deglutidoras, trituradoras, vomitadoras, digestivas, dieteticas (o no), de objetos. El ultimo control, por suerte, parecia ser humano. Una persona, cual ordenador, exige pasajes con detenimiento y poco volumen. Los toca, los rompe, como un niño o niña, depende.
Una vez terminada la ceremonia del control, tenemos un universo a nuestras espaldas. La division entre la manga de abordaje y un salon de no fumadores nerviosos. El aca tan reciente y el alla tan dentro de unas 3 horas. El idioma es un adorno, como un desodorante de ambiente, un cuadro mal colgado, inclinando las puntas hacia abajo, una bufanda que no te cubre del frio, porque de la manera mas invasiva y oportuna, te secuestra los segundos entre preguntas y respuestas de gente que se ha perdido cuestionando el estado de las estufas y del aire acondicionado. Tampoco llegan las maletas a tiempo, o alguna que otra emprende una nueva aventura, casi como despistada, casi como que extraña detenerse en todos esos aeropuertos y dejarse levantar por esos nuevos dueños que al encontrarse con su equipaje equivocado arremeten contra la cinta transportadora, con pena y sin gloria. Las pautas del idioma y sus limites se quebrantan ante el problema mas improbable. La lengua no tiene fé, ni templo, ni catedrales, ni hablemos de una misa, pero existen miles de fieles encolumnados al desentendimiento y la arrogancia. El primer piso era el purgatorio, una Torre de Babel de estilo moderno, con televisores de altas pulgadas y altoparlantes en cada esquina, sobornando nuestra paciencia con anuncios de nuevos arribos y proximos vuelos.
Cuando no hay lugar para arrepentimientos, se produce un lapsus. La cabeza gira hacia atrás buscando a alguien para despedirse, un acto reflejo de nuestra enfermedad solitaria. Las sombras se toman el primer taxi disponible y ya no hay mas nadie, solamente queda quien arrastra una disculpa o una llegada tarde y nos vemos a la vuelta. Ya no hay mas nadie, la sala está deshabitada de saludos y adioses, no alcanzan esas sillas incomodas para bancar el peso del silencio y la musica ambiental.
Primer y ultimo aviso. Ya estaba entre las mangas, pateando las botas hasta el microbus que te lleva a no se donde y ese no saber es el destino mas insoportable, al que niego subirme, al que negaré entender hasta bajarme, o por lo menos cuestionar todo lo posible mientras dure el viaje.
lunes, 12 de noviembre de 2007
Ruido de mediodia
Un sabado me encontró recostado,
sabado con ruido de mediodia,
con aroma a tiempo,
con intencion de recuerdo.
Con la llegada desesperé,
una bofetada,
ni agua para despabilarme.
No hacia falta un retrato
para reconocerte, siempre diferente
en formas, como te recordaba.
Ya hacia un tiempo que no te veia
o te imaginaba recostada en ese sillon
con un cigarrillo prendido,
el cañon que apuntaba a preguntar,
apuntaba al pecho, a discrecion.
Pero aca no hay metafora que valga,
si esto es realismo. Pero
la metafora que creamos nosotros es la que nos
combiene, la que nos gusta, en la que
nos sentimos comodos, la que admitimos
y luego recibimos sonriendo timidamente.
El beso es la herramienta del recuerdo, la ironia el verbo,
nosotros un adios presente y constante.
Y estoy alegre de ello, porque ambos estamos
de acuerdo.
sabado con ruido de mediodia,
con aroma a tiempo,
con intencion de recuerdo.
Con la llegada desesperé,
una bofetada,
ni agua para despabilarme.
No hacia falta un retrato
para reconocerte, siempre diferente
en formas, como te recordaba.
Ya hacia un tiempo que no te veia
o te imaginaba recostada en ese sillon
con un cigarrillo prendido,
el cañon que apuntaba a preguntar,
apuntaba al pecho, a discrecion.
Pero aca no hay metafora que valga,
si esto es realismo. Pero
la metafora que creamos nosotros es la que nos
combiene, la que nos gusta, en la que
nos sentimos comodos, la que admitimos
y luego recibimos sonriendo timidamente.
El beso es la herramienta del recuerdo, la ironia el verbo,
nosotros un adios presente y constante.
Y estoy alegre de ello, porque ambos estamos
de acuerdo.
Sin titulo II
Para romper a llorar no hacen falta mas que un poco de agallas. Es cierto que siempre los sucesos mas felices y los menos felices son los que activan los edificios oculares y esas represas rompen sus paredes, así dejan salir el agua. Por un segundo puedo pensar en que tenes una fuerza que puede provocar eso: meterte en los ojos y rasgar la piel, sacar las lagrimas a los apurones. Como deseo que te pase lo mismo, que aprendas lo mismo que aprendo yo cada vez que me siento un estupido o cada vez que me haces sentir un estupido. Que alguien con tanta agilidad (o torpeza) pueda arrancarte de la cara un poco de vida. Que te haga darte cuenta que los platos rotos no los paga uno, sino que los pagamos entre todos los que te rodean. Pero eso seguramente a vos no te importa, siempre es la semana siguiente, y ya me estoy quedando sin tiempo en la billetera.
Por suerte, existe una voz en el telefono que de vez en cuando me visita y me hace acordar que no estoy solo y me centra en medio de una canción, una canción que se puede escuchar, también, de a dos.
Por suerte, existe una voz en el telefono que de vez en cuando me visita y me hace acordar que no estoy solo y me centra en medio de una canción, una canción que se puede escuchar, también, de a dos.
viernes, 19 de octubre de 2007
El estigma de los buenos recuerdos
Una vez recibi esto de alguien. Era el momento justo, el lugar indicado. El ambiente perfecto. Pero todas estas cosas estan plagadas de piedras en el camino. Por suerte siempre existe la voluntad de atesorar imagenes en movimiento, y en este caso letras que son carne viva....
Huracanes
Huracanes de miradas agitaadas, de letras compartidas y madrugadas silenciosas.
Dolores caminados en ausencias, en finales abiertos y ganas con puntos suspensivos.
Tormenta de ideas confusas, donde cada gota es palabra, formando oraciones como cortinas de agua.
Vientos que sacuden muy fuerte el sentirse mutuamente, rafagas de conexion latente y desesperada.
Noches en vela entre sabanas caidas, resistiendo el acoso insistente de los fantasmas.
Escenas concatenadas sin logica de tiempi ni espacio, enredo de kilometros de piel, que nunca se terminan por conocer.
Sed de vos, de esos ojos que hacen de espejo. Sed angustiosa de estas ganas que ya me duelen la boca.
Remolinos de palabras que escupo con inercia incontrolable: las letras se alzan, se desordenan y entremezclan, arremolinandose con tu sentido.
Llueve tu distancia en mis ojos, como un diluvio revelador, casi catastrofico, donde cada palabra hecha gota me toca y me quema.
Tormenta de cambio inesperado, casi salvaje, arrasadora, Tormenta de vos.
Selene
(22.03.07 ...Copyright)
-----
Saludos.
Huracanes
Huracanes de miradas agitaadas, de letras compartidas y madrugadas silenciosas.
Dolores caminados en ausencias, en finales abiertos y ganas con puntos suspensivos.
Tormenta de ideas confusas, donde cada gota es palabra, formando oraciones como cortinas de agua.
Vientos que sacuden muy fuerte el sentirse mutuamente, rafagas de conexion latente y desesperada.
Noches en vela entre sabanas caidas, resistiendo el acoso insistente de los fantasmas.
Escenas concatenadas sin logica de tiempi ni espacio, enredo de kilometros de piel, que nunca se terminan por conocer.
Sed de vos, de esos ojos que hacen de espejo. Sed angustiosa de estas ganas que ya me duelen la boca.
Remolinos de palabras que escupo con inercia incontrolable: las letras se alzan, se desordenan y entremezclan, arremolinandose con tu sentido.
Llueve tu distancia en mis ojos, como un diluvio revelador, casi catastrofico, donde cada palabra hecha gota me toca y me quema.
Tormenta de cambio inesperado, casi salvaje, arrasadora, Tormenta de vos.
Selene
(22.03.07 ...Copyright)
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Saludos.
lunes, 1 de octubre de 2007
Balada a obscuras
Into my arms - Nick Cave & The Bad Seeds (Letra: Nick Cave)
I don't believe in an interventionist God
but I know, darling, that you do.
Not to intervene when it came to you...
Not to touch a hair on your head,
to leave you as you are.
And if He felt He had to direct you,
then direct you into my arms...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms...
And I don't believe in the existence of angels,
but looking at you I wonder if that's true.
But if I did I would summon them together,
and ask them to watch over you...
To each burn a candle for you,
to make bright your path,
and to walk, like Christ, in grace and love,
and guide you into my arms...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms...
And I believe in love,
and I know that you do too...
And I believe in some kind of path
that we can walk down, me and you.
So keep your candle burning
and make her journey bright and pure,
that she will keep returning
always and evermore.
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms...
(La otra cara de la letra)
I don't believe in an interventionist God
but I know, darling, that you do.
Not to intervene when it came to you...
Not to touch a hair on your head,
to leave you as you are.
And if He felt He had to direct you,
then direct you into my arms...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms...
And I don't believe in the existence of angels,
but looking at you I wonder if that's true.
But if I did I would summon them together,
and ask them to watch over you...
To each burn a candle for you,
to make bright your path,
and to walk, like Christ, in grace and love,
and guide you into my arms...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms...
And I believe in love,
and I know that you do too...
And I believe in some kind of path
that we can walk down, me and you.
So keep your candle burning
and make her journey bright and pure,
that she will keep returning
always and evermore.
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms, oh Lord...
Into my arms...
(La otra cara de la letra)
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